Las empresas argentinas en general, financian su capital fijo a partir de fondos que provienen de las ganancias pasadas y no distribuidas, o de excedentes provenientes de otros sectores y actividades. Muchas veces haciendo sociedades o protectos conjuntos con «capitalistas» de origen diverso, nacional o extranjero.
Las empresas ignoran en el corto plazo el total de ventas y ganancias que podrán realizar.
Tienen capacidad instalada para producir todo lo que se demande en el corto plazo, además costos unitarios se mantienen constantes.
Las mismas asumen valores para sus ventas, costos y rentabilidad y por lo tanto decisiones de empleo, en la cantidad que piensan producir para destinar a ventas o inventarios.
Se puede afirmar que el capital de trabajo se reduce a insumos y salarios adelantados. Dicho capital tiene dos fuentes de financiación: crédito de proveedores, y créditos bancarios.
Esto se debe básicamente a que las empresas deben adelantar los salarios en un proceso productivo que lleva algún tiempo en la realización económica de la producción.
Las empresas ajustan la utilización de su capacidad productiva en función de sus expectativas que hace el banco al concederles el adelanto solicitado. En este sentido, el banco tiene institucionalmente el rol de definir en última instancia el empleo, pero al margen de la política monetaria.


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